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Cuándo es necesario cambiar el líquido de la dirección

Cuándo es necesario cambiar el líquido de la dirección

El sistema de dirección es uno de los más importantes del vehículo, responsable, entre otras cosas, de garantizar que los movimientos que se llevan a cabo mediante el volante se trasladen con precisión al giro de las ruedas. Por eso, el buen estado del líquido que utiliza este sistema es crucial para su buen funcionamiento.

Lo cierto es que, a lo largo de los últimos años, los sistemas de dirección han ido evolucionando muy rápidamente para ganar en precisión y seguridad. Pero, al igual que ocurre con otros muchos sistemas, existen diferentes alternativas que montan cada una de las marcas, aunque todos comparten una gran sofisticación y, cada vez, mayor inteligencia.

La dirección asistida utiliza para su correcto funcionamiento energía hidráulica, es decir, impulsada por un líquido que facilita los movimientos que se hacen con el volante, y que está formado por el propio volante, por la columna de dirección, por una cremallera, bomba hidráulica encargada de propulsar el fluido, de las tuberías por las que se traslada el líquido, y un depósito en el que se almacena este fluido.

Sistema de circulación del líquido de dirección

La bomba hidráulica es la que recibe el movimiento del cigüeñal a través de la correa auxiliar o correa de accesorios, generando presión hidráulica para la asistencia de la cremallera. La presión, entonces circula a través de tuberías en todo el circuito.

Al igual que cualquier otro componente del automóvil, este sistema no está exento de errores o averías, que hay que poder identificar para evitar problemas mayores. Estos problemas, en muchas ocasiones, están causados por el propio conductor, bien sea por llevar a cabo una conducción brusca o agresiva, por aparcar con golpes en bordillos, o por utilizar líquidos de transmisión de baja calidad.

¿Cuándo cambiar el líquido y qué tipo utilizar?

Marcas como Volkswagen o Ford coinciden, junto con muchas otras, que el líquido de la dirección debe cambiarse cada uno o dos años, o cuando se alcancen los 90.000-100.000 km circulados, aunque siempre siguiendo las instrucciones de cada fabricante.

¿Cómo saber que el líquido del que se dispone ha llegado al final de su vida útil? En primer lugar, mediante el diagnóstico visual, ya que si presenta un color oscurecido, es imprescindible cambiarlo con urgencia. Si al utilizar el vehículo se percibe un cierto olor a quemado, es posible que esté causado por este líquido; si se percibe una mayor resistencia al intentar girar el volante, si se producen sonidos o ruidos al usar la dirección, o si se aprecian pérdidas de líquido hidráulico, es imprescindible acudir lo antes posible al servicio técnico para sustituir el fluido y diagnosticar posibles daños adicionales.

Respecto a los distintos tipos de aceites disponibles en el mercado, es posible encontrar tres modalidades. Es imprescindible, en este sentido, consultar el manual de mantenimiento del vehículo para conocer cuál es el que recomienda el fabricante en todo caso.

  • Aceite mineral. Poseen aditivos que mejoran sus propiedades y consiguen un mayor rendimiento. Debido a su naturaleza, suelen ser menos agresivos con el caucho de las tuberías, aunque tienen una menor vida útil y, a veces, provocan la presencia de espuma en el circuito.
  • Aceite semisintético. Mezcla componentes de aceites minerales y sintéticos, con una menor viscosidad, menor cantidad de espuma en su funcionamiento, y ofrecen una lubricación óptima del sistema. Eso sí, son más agresivos con los componentes de caucho o goma del circuito de la dirección asistida, hasta poder destruir la goma en ocasiones.
  • Aceite sintético. Compuesto por alcoholes polihidroxilados, es decir, por poliéster y petróleo refinado, aunque con aditivos especiales que evitan la degradación de los cauchos y gomas del sistema de dirección. Son más caros, aunque también ofrecen un mejor rendimiento general que los demás aceites, y pueden funcionar a temperaturas más extremas, lo que facilita una mayor duración en óptimas condiciones.

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