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Así eran los vehículos usados en la llegada a la luna

Así eran los vehículos usados en la llegada a la luna

El pasado mes de julio se celebraron los primeros cincuenta años de uno de los grandes hitos de la humanidad: la llegada del hombre a la Luna. Para esta misión, fue necesario desarrollar vehículos específicos capaces de circular en el satélite. ¿Cómo eran?

El primer automóvil en circular fuera del planeta Tierra fue un todoterreno. Bajo el nombre de LRV -vehículo de exploración lunar, por sus siglas en inglés-, esta unidad llegó a la luna en diciembre de 1971, dos años y medio después de que los tripulantes del Apollo 11 pisasen por primera vez la superficie del satélite, y utilizaba un motor eléctrico asociado a cada rueda para poder desplazarse.

Este modelo, de claro diseño futurista, podía transportar a dos personas junto con algunas herramientas y muestras de la superficie lunar. Lo cierto es que en su concepción original no se había pensado en lograr altas prestaciones, pero sí conseguir que fuese capaz de sortear sin demasiados problemas rocas de hasta 30 cm de altura o hendiduras de 60 cm. Además, debía ser extremadamente ligero y compacto. Conducido en un primer momento por David R. Scott, comandante del Apollo 15, sería también utilizado en las misiones del Apollo 16 y 17.

Vehículo en la Luna

Técnicamente, el LRV contaba con unas dimensiones muy reducidas: medía, sin ocupantes, 3,10 metros de longitud, por 1,82 de anchura y 1,14 metros de altura. Su distancia entre ejes, de 2,28 metros, era similar a la que poseía, por ejemplo, un Suzuki Jimny de primera generación. Además, pesaba únicamente 210 kg con sus baterías eléctricas incluidas, algo muy significativo debido al nivel de tecnología disponible en la época.

Aunque el diseño original partió de la NASA, lo cierto es que gran “culpa” del éxito de esta misión dependió de industrias Boeing, que se encargó de su fabricación. La experiencia de esta compañía también tuvo mucho que ver en las soluciones que se aplicaron para garantizar la operatividad de sus baterías incluso a las bajas temperaturas que se registran en la Luna.

El LRV era capaz de trasportar 490 kg, aunque esta capacidad se refería a su masa o peso en la Tierra. Realmente, sus 210 kg de peso se transformaban en solo 35 en la superficie lunar, al contar con una gravedad seis veces inferior a la de la Tierra. Esto explicaba por qué esta unidad podía moverse únicamente con cuatro motores eléctricos de 0,25 CV cada uno a 10.000 rpm, lo que sumaba una potencia total de 1 CV, suficientes, sin embargo, para lograr una punta de velocidad de 14 km/h. Además, contaba con una autonomía de 65 km, muy superior a la de los sistemas de soporte vital de los astronautas, lo que provocaba que solo se pudiesen desplazar a un máximo de 9,5 km del módulo lunar.

Presente en tres misiones Apollo

Vehículo en la Luna

Aunque a día de hoy, este vehículo pudiera parecer limitado técnicamente, lo cierto es que en la década de los 70 era considerado todo un prodigio. Por eso, estuvo presente en las tres misiones Apollo que visitaron la Luna. Así, se utilizó durante tres días en cada una de las tres misiones, recorriendo un total de 90 km sobre la superficie del satélite, y estuvo en funcionamiento durante algo menos de 11 horas en total.

Una de sus claves, en las tres misiones, residió en sus neumáticos, ya que necesitaban ser lo suficientemente resistentes como para aguantar oscilaciones térmicas de -173 a 127 grados. Además, pinchar en la superficie lunar habría resultado catastrófico, y lo cierto es que las condiciones de la bodega de carga del módulo de aterrizaje no habrían mejorado la situación.

Vehículo en la Luna

Así, los módulos LRV contaban con ruedas metálicas de estructura flexible mediante flejes de zinc recubiertos por una malla de hilos de acero que ejercía de cubierta. Esta malla contaba, a su vez, con laminillas de titanio en forma de galones, que servían para garantizar la necesaria tracción. Todo ello, con unas baterías de plata-zinc hidróxido a 36 voltios, con una capacidad de 121 amperios por hora.

El presupuesto de desarrollo del LRV ascendió a más de 16 millones de dólares, que finalmente se duplicaron a la entrega, en abril de 1971, del primero de los cuatro vehículos producidos después de solo 17 meses de desarrollo.

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