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Ruta 4×4 por la Serranía de Cuenca

Nuestro periplo todoterreno por la serranía de Cuenca discurre de una margen a otra, tanto río arriba como río abajo, de torrente a corriente. En un discurrir inacabable, en el que los ríos, además de agua de vida, han sido el hilo conductor de nuestra ruta. A través de ellos, hemos ido descubriendo paisajes, rincones, revueltas, torrenteras, saltos de agua y sucesos mil en torno a su torrente de vida; tanto en su transcurrir natural como en el rebosamiento artificial.
Tres monumentos naturales son los protagonistas del itinerario; y en los tres casos, los cursos del agua han resultado intérpretes principales de la vida y el paisaje disfrutados, y nos han servido de aliento en nuestro reconocer: una parte multitudinaria y otra ignota de la siempre bella Serranía de Cuenca. Tanto ha sido así, que incluso nuestro punto de partida tiene nombre de agua: Solán de Cabras: un balneario decimonónico y a la vez fina agua de mesa que nos da el descorche de salida para una ruta por las Hoces del Guadiela, dentro del Monumento Natural de la Hoz de Beteta y Sumidero de Mata Asnos, La Laguna del Tobar y las Torcas de Lagunaseca o el siempre conspicuo nacimiento del Río Cuervo.
El recorrido nace en el manadero y al tiempo balneario de aguas minerales de Solán de Cabras, en la propia vecindad de la localidad conquense de Puente de Vadillos. En el caso de las aguas de este manantial, hablamos de una capa freática con más de 150 millones de años de antigüedad. Y, claro está, la antigüedad manda. El nombre de Solán de Cabras se remonta a la memoria de las leyendas populares y, según cuenta la tradición, un pastor observó que cuando sus cabras se bañaban en esta agua, las que estaban enfermas se curaban…
La leyenda se convierte en historia cuando, muchos siglos antes, ya estas aguas eran conocidas por sus beneficios para la artritis y, tanto es así, que lo atestiguará el propio Julio Graco en el año 182 a.C. Total, un brote constante de 5.410 litros de agua por minuto absolutamente pura que nos hace desembocar en la próxima población de Puente de Vadillos.

La red de caminos balizados del río Gudiela nos ayudará a descubrir sus escondidos tesoros.

Aquí, nos incorporamos a la retorcida comarcal C210, único camino de tránsito –salvo que seamos cabras–, por esta zona. Y en pocos minutos, estaremos de lleno en el Monumento Natural de la Hoz de Beteta y Sumidero de Mata Asnos, considerado como uno de los cañones fluviales más espectaculares de la Serranía de Cuenca y de gran valor paisajístico. El río ha excavado en la roca caliza un complejo laberinto de revueltas, remansos, saltos de aguas y acantilados verticales de más de 80 metros de altura, donde la palabra “espectáculo” es demasiado sobria para etiquetarlo.

Beteta y las Torcas de Lagunaseca

Es difícil abandonar esta guarida de vida. No queríamos irnos. Marcharnos ha sido un momento penoso y solo la promesa de más espacios naturales nos da la fuerza para salir en pos del camino. Pero nos lleva poco tiempo llegar al siguiente punto de la ruta: la población de Beteta nos recibe encaramada a una ladera, presidiendo un valle abierto, luminoso y donde los riscos han dejado paso a los prados. El siguiente monumento natural que visitamos son las torcas de la próxima población de Lagunaseca. Si antes teníamos que mirar para arriba, ahora, la naturaleza, siempre caprichosa, nos hace mirar hacia abajo.

Torcas, dolinas, “uvalas” y “poljés” son formaciones kársticas constituidas por depresiones cerradas conocidas popularmente como torcas y que no son más que pequeños cráteres alumbrados de vida y vegetación, en una zona de páramos donde el horizonte se hunde en forma de sima abierta a la luz.
Los caminos para su visita discurren entre ellas, pero la ruta se hace lenta, ya que el barro de las últimas lluvias pone a prueba las destrezas 4×4 de nuestro vehículo. Pero vamos salvando las situaciones una a una –muchas veces echando pie a tierra antes de salvar el obstáculo– y, así, poco a poco, descubrimos nuevos hundimientos hasta que nos abrimos paso hacia una zona llana de pastos en la que el agua cobra de nuevo protagonismo. En este caso, la Gran Laguna del Tobar nos recibe como un ojo azul que mira al cielo en un paisaje abierto de cañaveras y carrizos, donde el agua ha encontrado sosiego y digiere el precipicio de su discurso hasta aquí. El lugar es sorprendente por el hecho de su repentina aparición y por la belleza de su serenidad.
Es un buen momento para disfrutar de un baño de vida, sacar nuestros pertrechos y tomar aliento a asiento de mantel verde. Tras calmar tanto al espíritu como al estómago, de nuevo tenemos el disgusto de abandonar bueno por mejor.
Volvemos hasta Beteta por pistas, y en esta población tomamos el negro río de asfalto que nos llevará hasta la localidad de Vega del Codorno, que es donde está el centro de interpretación de la naturaleza del Nacimiento del Río Cuervo y la última etapa de nuestro torrente off-road. La verdad que es un clásico entre los clásicos, al que se acerca un importante número d e visitantes cada año.

El nacimiento del Río Cuervo

Como esperábamos de su popularidad, al llegar descubrimos cientos de vehículos “pastando” en las praderas de sus accesos y una desagradable algazara de muchedumbre desordenada. Para nuestra suerte, no son tantos los animados a buscar el manadero a pie de roca en la zona alta y se conforman con los primeros metros del torrente. Los habituales chorreones verdes de la cascada a pie de párking aparecen tonos pardos, y la piedra del salto no ofrece vistosidad alguna. Tanto es así, que pasa desapercibida para muchos y no son pocos los que nos preguntan por dónde se va a la cascada. Nuestra respuesta es un simple gesto: miramos hacia arriba con una amable sonrisa… En épocas de sequía no alimenta lo suficiente los diferentes cauces y, así, el salto aparece muerto, apagado en su espectáculo, y solo el cauce principal porta el agua, pero las lluvias de los últimos meses hacen que el espectáculo del agua se muestre en todo su esplendor.

Fotos de la ruta 4×4 por la Serranía de Cuenca

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