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Qué es un eje trasero direccional y cómo funciona

Un eje trasero direccional se encarga de girar ligeramente las ruedas traseras, para mejorar la maniobrabilidad en ciudad y la estabilidad cuando se circula a alta velocidad.

La dirección de un automóvil está constituida por el conjunto de elementos mecánicos destinados a dirigir su trayectoria, a petición del conductor. Y lo cierto es que desde que empezó a utilizarse a finales del siglo XIX hasta hoy, estos sistemas han evolucionado considerablemente. Tanto, que son varios los fabricantes que en la actualidad han comenzado a montar ejes traseros direccionales o direcciones en el eje trasero.

Esta tecnología comenzó a popularizarse en los años 80 y los 90, aunque desde el punto de vista técnico no eran ejes traseros direccionales realmente. En realidad lo que sucedía es que cuando el coche se apoyaba en una curva, la suspensión modificaba ligeramente su geometría, dando un efecto direccional a las ruedas traseras. Modelos como el Citroën ZX utilizaban una fórmula de este tipo.

Sin embargo este sistema tenía una doble limitación: a diferencia de los modelos solo funcionaba con el coche en movimiento y cuando se apoyaba para abordar una curva. Es decir, únicamente servía para aportar un plus de agilidad en zonas viradas.

En la actualidad marcas como Audi, BMW, e incluso Porsche usan ejes traseros direccionales en muchos de sus modelos. Sin embargo, es justo reconocer que fue Renault la que popularizó esta tecnología, al presentarla en su Laguna GT, a mediados de la pasada década.

¿Cómo funciona un eje trasero direccional?

En cualquier caso, independientemente de la marca el funcionamiento de un eje trasero direccional es muy similar.

A bajas velocidades (generalmente por debajo de 35 km/h), las ruedas giran en sentido opuesto a las delanteras un máximo de cinco grados, para reducir el radio de giro del vehículo.

Por otro lado, cuando la velocidad supera los 80 km/h, dependiendo del modelo, las ruedas traseras giran ligeramente en el mismo sentido que las delanteras para mejorar la estabilidad. En cualquier caso, el encargado de mover las ruedas traseras es un motor eléctrico -en modelos como el Porsche 911 hay dos-, capaz de girarlas hasta 5º en función de las necesidades.

¿Las ventajas de un eje trasero direccional? Una mayor facilidad de conducción una mayor facilidad para maniobrar en ciudad y un desgaste más compensado de los cuatro neumáticos.

Por contra, este sistema también tiene algunos inconvenientes. El primero es que suele ser opcional, encareciendo el precio final del coche. Además, cuenta con más componentes que un eje trasero convencional, algo que podría derivar en una fiabilidad algo menor a largo plazo. Por último, exige un mayor trabajo de puesta a punto a los ingenieros, para evitar descompensaciones entre el eje delantero y trasero.

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