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Klassikstadt, un garaje diferente

Hay un exclusivo grupo de personas que cuando deciden conducir su coche clásico deben desplazarse hasta un garaje un tanto peculiar, situado en la ciudad alemana de Frankfurt. La peculiaridad de este recinto estriba en que, además de garaje, puede considerarse un museo. Cuando los propietarios de los coches que se guardan en el Klassikstadt quieren conducir sus vehículos deben acercarse hasta la reconvertida fábrica agrícola donde está en exposición, abren la puerta principal con su propia llave, activan el montacargas y llegan al lugar donde está guardado clásico.
Los visitantes se apartan mientras conducen por los anchos pasillos hasta tu vehículo. La misma llave que usan en la puerta principal –de plástico y con un chip en uno de sus extremos– abre la puerta de cristal que mantiene los coches protegidos de las manos de los visitantes.
No hay que preocuparse de si el coche arrancará o no por mucho tiempo que haya estado parado. La batería está completamente cargada y el coche ha sido revisado y mantenido por uno de los especialistas en coches clásicos del lugar, así que arranca a la primera.
Estas gigantes cocheras convertidas en museo están llenas de coches privados tan especiales que no tienen cabida en garajes convencionales. Todos aparcados de manera que estén a la vista del público, pero listos para ser conducidos a cualquier hora del día o de la noche. Su estatus de paraíso del motor se refuerza con la presencia de concesionarios de coches clásicos y modernos, restauradores, un tapicero de interiores, especialistas de marcas concretas, una tienda de maquetas e incluso un restaurante bastante bueno, todo en las ´propias´ instalaciones.

Una pieza única

Por supuesto, siendo un sitio tan atractivo para dejar tu coche, no cualquier modelo es aceptado en Klassikstadt. Hay tanta demanda de plazas que el coche aspirante ha de ser excepcional incluso para que sea considerado como candidato cuando un hueco quede libre, lo que supone que en este lugar hay coches extraordinarios.
Titus Schneider, director del ‘museo’, nos muestra algunas de las piezas más destacadas de esta colección. Primero, un grupo de Porsche, donde destaca el frontal rojo de un poderoso 911 2.7 RS justo delante de un 356 y un precioso 906. Convencidos de que nos va a enseñar el coche de carreras de motor central, nos sorprende cuando se detiene ante el 911. Al verlo más de cerca resulta que no es un simple RS, sino un RSR con llantas Fuchs muy anchas y pasos de rueda también ensanchados.

Si bien todos los RSR son poco comunes e interesantes, la historia de éste en concreto no está repleta de victorias en competición o participaciones en prestigiosos eventos. Al contrario, esta unidad apenas participó en carreras, lo cual le mantuvo con su configuración prácticamente original, una circunstancia que hoy se valora especialmente.
Hace no mucho, su propietario lo recogió de Klassikstadt, lo condujo hasta el aeropuerto de Frankfurt y lo llevó en avión a California –EE.UU.– para participar en la Rennsport Reunion –concentración de modelos Porsche RS– en el circuito de Laguna Seca.

Un club exclusivo

La mayoría de coches aquí presentes están protegidos tras puertas correderas de cristal, pero hay suficiente espacio a los lados de los vehículos para poder echar un buen vistazo aunque no puedas andar a su alrededor.
En el Klassikstadt se da una buena rotación de coches: cuando uno sale, su sustituto –el coche con el que llega el cliente– se queda en exposición. Algunos modelos, por tanto, no siempre cumplen los requisitos del centro, pero cuando estos “segundones” son Ferrari, McLaren o similares, no cuesta hacer una excepción.
En el piso superior, no accesible para el público, es donde los accionistas de Klassikstadt tienen sus propios automóviles. No porque puedan guardarlos con facilidad, sino porque así pueden utilizarse como sustitutos en cualquier momento.

Entre estos modelos “particulares” se encuentran un Ferrari F40 y un 330 GTS, algunos VW Golf GTI Mk1 y Mk2, una gran colección de berlinas alemanas de los años 80 y 90, e incluso joyas especiales del DTM como varios BMW M3 E30 y Mercedes 190E de 16 válvulas, o un Audi V8 quattro, lógicamente no se trata de un Audi V8 quattro cualquiera, sino el antiguo coche de empresa de Ferdinand Piëch, anterior CEO del Grupo Volkswagen.
Para los responsables de lugar que atesora una colección de tanto valor, las condiciones de conservación de los vehículos deberían ser importantes. No sólo en lo relativo a la seguridad, sino que la humedad y la temperatura correctas también son importantes. Cuando preguntamos a Titus qué han hecho en relación a la calidad del aire y la humedad, y la respuesta es… nada. No porque no le den importancia, sino porque hicieron pruebas sobre el ambiente de la vieja fábrica y, curiosamente, es casi perfecto para guardar coches.

Todo un mundo alrededor del garaje

En la planta baja se ubica un taller de interiores con bastante actividad. Allí encontramos avezados tapiceros, con sus herramientas, muestras de telas y unos curiosos catálogos de los años 60 que nos retrotraen a otras épocas.
Algunos de los talleres de mantenimiento y restauración están fuera, por lo que nos aventuramos en el enorme aparcamiento exterior para visitarlos antes de irnos. Ahora está bastante vacío, salvo por varios paneles publicitarios que anuncian los últimos modelos de los concesionarios locales y una docena de coches aparcados.

taller de tapicería en el Klassikstadt

Pero esta gran superficie de asfalto no está en desuso todo el año. Hay reuniones regulares de clubes de coches clásicos y cada mes de septiembre organizan una prueba cronometrada en un circuito creado con balas de paja.
Este lugar puede parecer algo elitista al principio, pero al estar abierto al público –la entrada al recinto es gratuita–, el Klassikstadt es un edén para cualquier amante de los automóviles que no debería dejar pasar la ocasión de visitarlo si pasa por Frankfurt… Siempre y cuando no estén de paseo en alguna carretera o circuito, claro.

Fotos del Klassikstadt

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