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La importancia del sistema de climatización en el automóvil

El sistema de climatización es uno de los más importantes en cualquier vehículo. El climatizador no sólo es indispensable en verano, sino que mantiene una gran utilidad durante todo el año en busca de la temperatura perfecta del habitáculo.

Con la llegada de las altas temperaturas, el climatizador del automóvil se vuelve prácticamente imprescindible. La posibilidad de rebajar en más de 20 grados la temperatura del habitáculo para viajar con total comodidad es, sin duda, una de las características que más aprecian los conductores de todo el mundo.

Sin embargo, contar con un sistema de climatización no sólo resulta especialmente interesante en los meses veraniegos, sino que su uso se extiende, también, al invierno para mantener las mejores condiciones de confort en todo momento.

Algunos datos históricos

Aunque puede parecer que estos sistemas son relativamente modernos, lo cierto es que sus primeras apariciones en el automóvil se remontan a hace prácticamente un siglo. En el nacimiento del coche como tal no resultaban necesarios, ya que se trataba de modelos abiertos, que incluían una capota como techo para proteger a sus ocupantes frente a las inclemencias climatológicas.

En los años 20, uno de los participantes en el Rally de Montecarlo decidió dejar de pasar frío durante la prueba deportiva, por lo que abrió un agujero en el salpicadero de su coche para aprovechar el calor que irradiaba del motor. Aunque de una forma muy rudimentaria, nacía así el primer sistema de climatización. Pero ello no mejoraba la situación cuando el calor arreciaba.

Aunque desde 1908 se habían empezado a utilizar soluciones como la colocación de parabrisas practicables, su ineficacia llevó a los fabricantes de automóviles a buscar otras alternativas que resultasen más útiles.

Habría que esperar hasta los años 30 para empezar a encontrar las primeras alternativas más cercanas a lo que conocemos hoy en día. Así, la firma C&C Kelvinator pasará a la historia como la primera en incorporar a un Cadillac, un rudimentario sistema de aire acondicionado, basado en el uso de un motor a gasolina con una potencia de 1.1 kw, que se servía de dos conductos que llevaban el aire frío a un abanico que, a su vez, impulsaba el aire hasta la cabina.

Dos años más tarde, el Laboratorio de Estudios y Desarrollo de General Motors decidió ir más allá de ese modelo utilizando un sistema de vapor comprimido, que usaba un refrigerante, el R-12, cuya capacidad no podía exceder, en ningún caso, los 3.5 kW -esto es, menos de la mitad que los sistemas más básicos de la actualidad-. El enfriamiento, en este sistema, se basaba en la recirculación del aire y no en el uso de ventilación externa, y siempre con una reducción máxima de 5,6 grados para evitar los shocks termales del pasajero al salir fuera del habitáculo.

El primer sistema que utilizaba una tecnología similar a la que se usa en la actualidad fue el del Packard de 1939, que contaba con un evaporador muy largo que envolvía toda la cabina, pero que no tenía ningún tipo de embrague en el compresor, por lo que el aire acondicionado permanecía siempre encendido mientras lo estuviese el motor del coche.

Desde ese momento, todos los esfuerzos de la industria se encaminaron a mejorar el funcionamiento de un sistema entonces rudimentario, pero que no era considerado por los usuarios como algo esencial en el coche, entendiéndose únicamente como un extra que se ofrecía al cliente en el proceso de compra.

Ya en los años 70, muchos conductores estadounidenses -el país norteamericano es cuna de la mayor parte de los avances tecnológicos en la industria automotriz- comenzaron a mudarse a lugares más calurosos, por lo que al comprar un vehículo nuevo deseaban contar con un sistema de climatización que permitiese el uso de su automóvil durante todo el año, y no sólo en los meses invernales.

Así funciona el sistema de climatización

El funcionamiento del aire acondicionado no es muy distinto al de un frigorífico, y consiste en un circuito cerrado con varios elementos que funcionan de forma simultánea: un compresor, que se acciona mediante un embrague electromagnético, un condensador, un filtro secador, una válvula de expansión hacia el cual bombea el compresor, un evaporador, un ventilador, un sensor de temperatura y un gas refrigerante.

El elemento más destacable para entender su funcionamiento es el compresor. Se trata de un dispositivo que se encarga de comprimir el gas refrigerante utilizando para ello la potencia del motor a través de una correa. Cuenta, además, con un sistema de embrague que se abre y se cierra en función del estado de funcionamiento del compresor.

Así, en su entrada toma el gas refrigerante que proviene del evaporador o del acumulador para comprimirlo, y lo envía directamente al condensador, donde se produce la transferencia del calor absorbido en el interior del vehículo.
El condensador también es una de las piezas más importantes del circuito, ya que se encarga de disipar el calor. En él, el gas que proviene del compresor, que se encuentra caliente, se enfría y se condensa para convertirse en un líquido a alta presión. De ahí pasa al evaporador, que absorbe tanto el calor como el exceso de humedad.

El refrigerante entra en él como líquido a presión; el aire caliente que pasa por las aletas del evaporador hace que el refrigerante dentro de los tubos se evapore, expulsando el calor hacia el exterior del vehículo, y contribuyendo a que el agua resultante de la condensación se enfríe prácticamente hasta la congelación.

El filtro antipolen o de habitáculo es el responsable de filtrar, en última instancia, el aire frío que ya ha salido del evaporador, y que se impulsa mediante el ventilador. Entonces, el compresor aspira el gas de nuevo hacia su interior para volver a comprimirlo y enviarlo a través del circuito cerrado.

La importancia del diagnóstico

Al tratarse de un sistema complejo, no está exento de posibles averías que puedan poner en peligro la regulación térmica del habitáculo, y que el usuario puede diagnosticar con cierta facilidad en función de cuatro síntomas básicos.

Si la temperatura en el interior no desciende en un tiempo relativamente corto, es posible que el problema radique en un nivel de líquido escaso, en algún problema en la botella deshidratante, en el propio filtro del habitáculo, o simplemente, en algún bloqueo temporal o permanente de alguno de los sistemas que componen el climatizador.

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