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Cómo elegir coche

¿Qué coche elegir? La mejor forma de no equivocarse con el combustible del coche

A lo largo de los últimos años han ido apareciendo multitud de opciones distintas para que el consumidor final pueda elegir el coche que más le conviene en función del uso que va a hacer de él. ¿En qué se diferencia el GLP del GNC? ¿Qué tipo de híbrido es más conveniente? Aunque la respuesta final depende de cada usuario, conocer los pros y contras de cada combustible hace más sencilla la elección.

Coche eléctrico

Motor eléctrico

Utilizan únicamente un motor eléctrico y un sistema de baterías que se recargan mediante un poste –wallbox– o un enchufe convencional. Se trata de una opción a considerar para aquellos conductores que puedan acceder a su recarga con facilidad, y que vayan a realizar trayectos urbanos o interurbanos con una distancia no superior a los 100 km entre recargas.

Entre las ventajas con las que cuentan este tipo de vehículos se encuentran el ahorro en coste por kilómetro que, dependiendo de la tarifa eléctrica contratada, puede llegar a ser de sólo 1,20 euros por cada 100 km. Además, se trata del único tipo de automóvil sin emisiones contaminantes directas, aunque las centrales eléctricas que se utilizan para producir la energía necesaria para sus recargas sí emiten a la atmósfera partículas nocivas. El alto precio de sus baterías, que encarecen el coste final del automóvil, la limitada autonomía que ofrecen y el hecho de que recargar un 80% de su capacidad lleve al menos dos horas, son algunos de sus inconvenientes.

Vehículos impulsados por GLP

Vehículos con GLP

Se trata de un tipo de vehículo que puede funcionar de forma indistinta con gasolina o con gas licuado de petróleo (GLP). Aunque no es la opción impulsada por gas más rentable –lo es el GNC-, en la actualidad existen más puntos de recarga, y es más económico que el diésel o la gasolina.

Los sistemas de GLP se pueden instalar a posteriori en el vehículo por una inversión de apenas 1.200 euros sin que ello perjudique el rendimiento del motor de gasolina. Así, estos modelos cuentan con una autonomía más elevada, ya que suman la capacidad del tanque de GLP al de gasolina, por lo que es posible recorrer más de 1.200 km sin repostar. Este tipo de combustible es, en la actualidad, más barato que la gasolina, por lo que es posible recorrer 100 km por unos 5,5 euros de media.

Al tratarse de un sistema en expansión, aún no está muy extendido por la geografía española. De esta forma, sólo existen 562 puntos donde recargar este combustible en toda España. La pérdida de capacidad del maletero, ya que los depósitos se alojan en la parte inferior del mismo o la necesidad de presentar un certificado de estanqueidad del depósito de GLP –cuesta, de media, unos 80 euros- cada vez que se pase la ITV, son algunos de los detalles a tener en cuenta a la hora de decantarse por un vehículo impulsado por GLP.

Vehículos impulsados por GNC

Vehículos con GNC

Los motores de este tipo de vehículos utilizan, como fuente principal de energía, Gas Natural Comprimido (GNC) y, una vez que el tanque de este combustible se agota, comienzan a usar gasolina con normalidad.

Al ser vehículos con motores ya optimizados para el uso de GNC y gasolina desde su salida de fábrica, su fiabilidad y sencillez mecánica es destacable. Además, el precio del GNC es más barato que la gasolina, por lo que es posible recorrer unos 100 km con un gasto aproximado de sólo 3,5 euros de media. Al igual que ocurre con el GLP, es posible sumar la autonomía de los tanques de gasolina y de GNC, por lo que es posible recorrer más de 1.200 km sin necesidad de repostar.

Se trata, al menos de momento, de la opción menos extendida, por lo que sólo existen 47 puntos de recarga de este combustible en toda España. También se pierde capacidad del maletero respecto a las versiones impulsadas por gasolina o diésel, ya que los tanques de almacenamiento de este combustible se alojan bajo este compartimento de carga. Al igual que en los modelos impulsados por GLP, es necesario presentar un certificado de estanqueidad del depósito de gas en cada paso por la ITV –cuesta, de media, 80 euros-.

Vehículos diésel

Vehículos con diésel

Aunque se trata de un tipo de motorizaciones en claro retroceso a lo largo de los últimos meses, los diésel continúan siendo los preferidos por los compradores que conducen más de 20.000 km al año, especialmente por carretera.

Su principal ventaja es su reducido consumo, especialmente en carretera, aunque la fiabilidad de sus sistemas anticontaminación –catalizadores y filtros de partículas- puede verse comprometida si se llevan a cabo demasiados trayectos cortos, en los que el motor no alcanza su temperatura de servicio.

Los motores diésel se encuentran, en la actualidad, en el centro de la polémica debido a la contaminación que emiten. Es cierto que continúan siendo los propulsores que más óxidos de nitrógeno generan –NOx-, pero también los que más modificaciones están recibiendo para ser cada vez más limpios. Gracias a la presencia de los filtros de partículas, la presencia de partículas sólidas en sus emisiones prácticamente ha desaparecido, aunque son los modelos más antiguos los que generan una mayor contaminación.

Motores de gasolina

Vehículos con gasolina

Son los propulsores ideales para los conductores que busquen unas mejores sensaciones de conducción, especialmente en vehículos deportivos o modelos de altas prestaciones, o si van a recorrer menos de 10.000 km al año.

Se trata de los motores con un comportamiento más suave y refinado, y gracias al uso de turbocompresores, es cada vez más sencillo obtener elevadas cifras de potencia sin que ello suponga una alta cilindrada. Sin embargo, se trata de la opción que más consume y, desde el punto de vista de la contaminación, son los que más CO2 producen, uno de los gases causantes del conocido efecto invernadero.

Vehículos híbridos

Vehículos híbridos

Este tipo de modelos cuentan con un motor de combustión –habitualmente gasolina-, y otro eléctrico, que obtiene la energía necesaria para funcionar de un conjunto de baterías –más pequeñas que en el coche eléctrico-. Esta batería puede recargarse mediante los sistemas de frenada regenerativa del vehículo, o mediante un poste de carga en el caso de los PHEV –híbridos enchufables-.

Se trata de modelos muy eficientes, ya que su motor térmico funciona durante un mayor tiempo en el régimen en el que aprovecha mejor el combustible. Además, ofrecen un menor consumo, ya que el propio coche aprovecha los momentos en los que se circula cuesta abajo o se frena para recargar sus baterías. Al poder circular en modo eléctrico –EV– durante un tiempo variable, las emisiones contaminantes también se reducen.

Sin embargo, se trata de vehículos más pesados, que necesitan contar con un sistema de baterías y un segundo propulsor. Además, tienen un coste inicial mayor, al aumentar la complejidad del sistema de propulsión, y una menor fiabilidad, al menos a priori, al utilizar una tecnología más compleja que en los motores tradicionales de combustión. Su capacidad de producir energía, además, también se ve condicionada por el estilo y las condiciones de circulación. Así, en atascos o a baja velocidad, se trata de modelos tremendamente eficientes, pero a velocidad constante en autopista, esta eficiencia se reduce a niveles inferiores a los de los vehículos convencionales, debido a su mayor peso y a la ausencia de recargas mediante frenada regenerativa.

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