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El concept car Citroën Xenia, que anticipó el futuro, cumple 40 años

A lo largo de la historia del automóvil han aparecido multitud de modelos que abrían la puerta al futuro de sus marcas, y que anticipaban cómo serían sus tecnologías y diseños muchos años más tarde. El Citroën Xenia, que ahora cumple 40 años, es uno de estos modelos.

A medio camino entre una berlina y un modelo de características más familiares, con una grandísima apuesta por el rendimiento aerodinámico, y con una enorme superficie acristalada que tomaba más importancia frente a la carrocería. Así se definía el Xenia en el momento de su aparición en la portada del número 65 de la revista corporativa de Citroën en 1981, un momento en el que los concept car se utilizaban como auténtico caldo de cultivo para probar tecnologías y diseños que, no siempre, acababan llegando a los modelos de calle.

Este modelo conceptual era, entonces, la última creación del Centro de Diseño de la marca francesa, que justo un año antes había desarrollado el Karin, un coche con una original forma piramidal que, a pesar de su diseño rompedor, pasó ciertamente desapercibido. Sin embargo, con el Xenia no ocurriría lo mismo, ya que muchos de sus elementos podrían haberse trasladado directamente a cualquier modelo del año 2000.

Rompedor en todos los sentidos

Citroën Xenia

El Xenia era un vehículo que tenía unas dimensiones de 4,20 metros de largo y 1,75 de ancho, con un habitáculo al que se accedía mediante dos grandes puertas de ala de gaviota, que permitían que cuatro pasajeros no tuviesen ningún problema en colocarse cómodamente en cuatro asientos individuales.

Pero si por algo llamaba la atención el interior del Xenia era por su importantísima carga tecnológica, especialmente en lo que a electrónica se refería, especialmente teniendo en cuenta que hace cuarenta años de este lanzamiento. Así, contaba con sensores de radiación solar que regulaban la climatización, ordenador de a bordo que era capaz de calcular sus consumos, la autonomía restante o la velocidad media o, lo que sorprendía aún más, un sistema de cartografía que ayudaba al conductor a posicionarse en un momento en el que los satélites GPS se reservaban únicamente a usos militares.

Y lo que más sorprendía al usuario: todas estas funciones se podían accionar desde un completísimo volante de un solo radio, en el que se encontraban alrededor de su circunferencia toda una serie de mandos, con lo que la seguridad estaba asegurada. Además, detrás del volante, ya en el cuadro de mandos, se encontraban también dos grupos de botones desde los que acceder a todo tipo de configuraciones en el vehículo.

También novedades mecánicas

Citroën Xenia

Si el Xenia era un modelo muy avanzado en lo que a diseño y tecnología se refería, el apartado mecánico también era otro de sus puntos fuertes. En cuanto a su motor, este prototipo incorporaba, por primera vez, un bloque que sería sobre el que se articularía la gama uno de sus modelos más importantes en su historia, el BX.

Se trataba de un motor de cuatro cilindros de gasolina, con 1.300 cc de cilindrada. Un modelo que, años más tarde, sería tremendamente popular, y que era capaz de rendir 65 CV, con un par motor de 98 Nm.

Pero no era el único avance, ya que este modelo contaba con un cambio automático diseñado por la alemana ZF, que también estaría presente, años más tarde, tanto en el histórico CX como en el BX, que destacaba especialmente por su suavidad y por la posibilidad de que el conductor utilizase la palanca solo al emprender y acabar la marcha, además de en maniobras concretas, algo no especialmente frecuente en la época.

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