Publicado el: 26 marzo de 2014

Las suspensiones, a prueba de firmes irregulares

Las suspensiones, a prueba de firmes irregularesAumentar el confort y la seguridad de los viajeros y responder con una mayor precisión a la forma de conducir de cada usuario son dos ambiciosos objetivos en los que trabaja desde hace años la industria automovilística mundial, y que se plasman en la tecnología de suspensión adaptable por la que apuestan las principales marcas, bajo denominaciones como la Audi Magnetic Ride, el Control Dinámico Interactivo del Vehículo de Ford, o la Suspensión Variable Adaptable de Lexus.

¿En qué se basan los distintos sistemas de suspensión activa? Al igual que no existen dos carreteras completamente iguales o con unas condiciones de firme idénticas, es imposible dotar a cualquier automóvil de una suspensión que disminuya el efecto de las irregularidades en el asfalto en la comodidad de los pasajeros en todo momento. Por este motivo, los sistemas de suspensión activa ofrecen un control exhaustivo sobre cómo se efectúa el movimiento vertical de las ruedas, en vez de dejar que sea la propia carretera la que “decida” acerca del funcionamiento de la suspensión.

Gracias a estos sistemas, el coche es el que determina cómo reaccionan los amortiguadores en función del comportamiento del propio vehículo, de las condiciones del firme según una serie de mediciones que provienen de sensores -en las ruedas en el caso de Ford,  en todo el coche en los Lexus, por ejemplo- o del estilo de conducción del usuario, mediante la selección de distintos programas -sport, confort o regular-.

Desde que, en 1987, Mitsubishi dotase a su Galant del primer sistema de suspensión semi-activa, controlada electrónicamente, esta tecnología ha evolucionado desde el lujo sólo reservado a coches de alta gama para convertirse en un accesorio de seguridad presente incluso en vehículos de gama media –Ford incorpora su Control Dinámico Interactivo del Vehículo en el Mondeo desde el año 2007-. Porque al adelantarse al estado de la carretera, la suspensión adaptable aumenta el contacto de la rueda con el asfalto y evita comportamientos indebidos ante situaciones imprevistas. Pero también supone una mayor tracción y seguridad en la entrada del coche en las curvas, que gracias a este sistema se toman con mayor agilidad y con mayor apoyo del coche.

El confort en marcha resulta claramente beneficiado en los vehículos que incorporan suspensiones activas o adaptables. Por un lado, los pasajeros logran trayectos con mínimas vibraciones, incluso en carreteras bacheadas o con firme irregular. La disminución de vibraciones se traslada también al conductor, cuya fatiga en trayectos largos se reduce más que notablemente, lo que a su vez aumenta la atención y la concentración. Además, al poder seleccionar el comportamiento del vehículo a través de su suspensión, incluso los conductores con espíritu más deportivo logran rendimientos más eficientes gracias a la gestión electrónica de la amortiguación.

¿Cómo funciona la suspensión adaptable?

– En el caso del Control Dinámico Interactivo del Vehículo de Ford, los sensores en cada rueda y los tres colocados en el resto del chasis para medir la aceleración y el balanceo informan a la unidad de control del estado del firme para que ésta regule hasta 10 veces por segundo la dureza de los amortiguadores.

Audi opta por el sistema Magnetic Ride, por el que los amortiguadores se ajustan a la carretera y al estilo del conductor en apenas una fracción de segundo gracias a la acción de campos magnéticos. Otras marcas como Range Rover optan por sistemas magnéticos similares.

– El sistema DCC de Volkswagen permite adaptar hasta 10.000 veces por segundo la dureza de la suspensión gracias a sensores de aceleración o a sensores que miden el movimiento vertical de cada una de las ruedas, o la información que proviene de la centralita del coche que indica el uso de la dirección o de los frenos.