Publicado el: 14 julio de 2014

Especial Verano: Qué puntos mecánicos revisar antes de viajar

Especial Verano: Qué puntos mecánicos revisar antes de viajarAunque es aconsejable acudir a un taller antes de emprender un viaje largo para llevar a cabo una revisión mecánica de los apartados del vehículo que afectan especialmente a su seguridad, es importante que el conductor pueda conocer por sí mismo el estado de determinados puntos vitales del coche y anticiparse a posibles averías o incidentes.

 

 

1- Discos de freno.
2- Líquido de freno.
3- Neumáticos.
4- Amortiguadores.
5- Pastillas de freno.

 

1-      Discos de freno

Son las piezas que muerden las pinzas de freno para, mediante fricción, detener el coche. Dependiendo del tipo de trayecto habitual, la conducción y el eje tienen una duración limitada, habitualmente entre los 80.000 y los 200.000 kilómetros.

Su desgaste proviene de la propia fricción contra las pastillas de freno, aunque también pueden deteriorarse debido al sobrecalentamiento y a la corrosión. Es necesario sustituirlas si su espesor disminuye hasta un nivel mínimo, habitualmente expresado en milímetros en el canto del disco.

También es necesario sustituirlos si se “alabean”, es decir, se ondulan por un calentamiento excesivo o si no se han dejado enfriar correctamente después de un uso intensivo. En este caso, el deterioro del disco se percibe por un exceso de vibraciones en la dirección, normalmente cuando se circula en torno a los 110 km/h, cuando se aprecian grietas en la superficie –cualquier grieta visible de más de un par de centímetros es preocupante-, si aparecen manchas oscuras en la superficie o si provocan chirridos persistentes que no desaparecen cambiando las pastillas.

2-      Líquido de frenos

Se encarga de transmitir la fuerza que se aplica sobre el pedal del freno, comprimiendo las pastillas contra los discos. Su duración aproximada es de entre uno y tres años.

Con el tiempo, este líquido absorbe humedad y comienza a comportarse como una sustancia cada vez más elástica –es como si entre el pedal y los frenos hubiera un muelle cada vez más blando- debido a la aparición de burbujas de vapor de agua. La humedad también reduce la resistencia al sobrecalentamiento de los frenos porque disminuye la temperatura de ebullición del fluido: un 4% de humedad reduce la temperatura de ebullición a la mitad.

Es necesario sustituir este líquido si el pedal de freno tiene un recorrido inicial largo durante el que apenas se produce deceleración, si el tacto del pedal no se endurece tras los primeros tres o cuatro centímetros para adquirir una consistencia “sólida” o si la intensidad de la frenada no aumenta de forma proporcional a la fuerza que se realiza sobre el pedal. Es posible comprobar la cantidad de agua en el líquido mediante unos “bolígrafos” que miden su conductividad.

3-      Neumáticos

Son los encargados de generar las fuerzas necesarias para acelerar el coche, frenarlo, hacerlo cambiar de dirección, etc., y que pueden superar con creces los 1.000 kilos. También son primordiales para el sistema de suspensión.

Su desgaste se genera por fricción contra el asfalto y debido a la degradación que se produce a consecuencia del calentamiento que experimentan siempre que llevan un rato girando. Además, el oxígeno del aire también ataca al caucho y los hace envejecer. Por eso, aunque no estén desgastados, unos neumáticos de más de siete años deberían sustituirse por unos nuevos.

Como la mayoría de los coches cargan más peso sobre el eje delantero y son de tracción delantera, sus neumáticos delanteros se desgastan entre dos y cuatro veces más deprisa que los traseros. Además, un neumático puede sufrir daños en la estructura textil de refuerzo que hay bajo el caucho si se le golpea contra bordillos o si se le pellizca entre un bordillo o el lateral de un socavón y el labio de la llanta. Una presión de inflado inferior a la recomendada hace al neumático más vulnerable frente al pinchado y también lo deteriora por sobrecalentamiento de los flancos.

Respecto a su duración, depende del eje, del tipo de neumático, de los trayectos realizados, de la conducción, la potencia del coche, etc., aunque de promedio, su vida oscila entre los 15.000 y los 75.000 km. La Ley establece una profundidad mínima del dibujo de 1,6 mm, que debe verificarse en todo el ancho de la banda de rodadura.

La multa por circular con unos neumáticos en mal estado –profundidad del dibujo inferior a 1,6 mm en los canales principales, lonas o cables a la vista en la banda de rodadura, ampollas o deformaciones en los flancos- supone una sanción de 200 euros por cada unidad en mal estado. Un neumático con poco dibujo ofrece menos agarre en mojado y es más vulnerable al aquaplaning o hidroplaneo.

4-      Amortiguadores

Se encargan de mitigar las oscilaciones que los baches provocan en la carrocería, disipando la energía que aportan al sistema. Permiten ofrecer un buen confort y son imprescindibles para contar con una buena estabilidad.

Dependiendo del trayecto habitual, su duración se acortará: si se circula mucho por firmes bacheados como carreteras en mal estado o por ciudad, pueden deteriorarse en unos 75.000 km; si sólo se circula por autopista, es posible llegar a superar los 125.000 km.

Su desgaste se produce debido a la fricción del émbolo que llevan en su interior contra sus paredes y por el propio paso del aceite. También pueden comenzar a perder lubricante por la junta de estanqueidad del vástago –se dice entonces que el amortiguador “ha reventado”; es un fallo habitual por el que no se supera la ITV-.

El conductor percibe la necesidad de sustituirlos al percibir que el morro del coche tiende a hundirse excesivamente en las frenadas, si parece excesivamente sensible al viento lateral, acusa mucho el paso por las juntas de dilatación de las carreteras al tomar una curva, etc. Uno de los indicadores más claros de daños en un amortiguador se produce por el desgaste poco uniforme de los neumáticos. Sin embargo, conviene cambiarlos mucho antes de llegar a este punto.

5-      Pastillas de freno

Se trata de piezas que se comprimen contra los discos de freno, generando una fricción que convierte la energía cinética del coche en calor. Dependiendo del tipo de trayecto –en ciudad se frena mucho más que en carretera-, del eje –las del que soporta más peso, que suele ser el delantero, se desgastan más rápido- y del estilo de conducción, su duración puede cambiar, aunque lo habitual es que se sitúe cerca de los 35.000 km en las delanteras, y de 120.000 km en las traseras.

Su desgaste se produce por la fricción con los discos de freno: están compuestas por una mezcla de polvo metálico y de resina que va desapareciendo –una parte se queda adherido a las llantas en forma de un polvo que cuesta bastante eliminar-. Es posible conocer cuándo es necesario cambiarlas gracias al testigo de desgaste en el cuadro de instrumentos, gracias al sensor que incorporan las pastillas, que lanza una señal de alerta cuando sólo quedan 3 mm de pastilla.

Cambiar las pastillas a tiempo resulta especialmente importante, ya que si no se hace, debido al desgaste excesivo del material de fricción se llega al respaldo –el soporte metálico sobre el que se coloca la pastilla en sí- y el freno de esa rueda comenzará a emitir un gran chirrido. A medida que se agota todo el material de fricción, la frenada en la rueda afectada se volverá muy inestable. La fricción del disco contra el respaldo producirá importantes arañazos en el disco, lo que provocará que también sea necesario sustituir los discos de freno.