Publicado el: 18 noviembre de 2014

Especial invierno: Revisión previa del coche

Estado del parabrisas y los limpiaparabrisas
Control de niveles de líquidos y batería
Aceite para el motor
Estado de las cerraduras y manetas

Estado del parabrisas y los limpiaparabrisas

Existen vehículos con parabrisas calefactados que cuentan con una rejilla térmica fabricada con hilos conductores tan finos que parecen prácticamente invisibles. A 20 grados bajo cero son capaces de descongelar el parabrisas en menos de diez minutos.

Es importante no accionar los limpiaparabrisas si se ha formado una capa de hielo sobre la luna. Las bajas temperaturas contribuyen a endurecer la goma y a hacer que se quede pegada al cristal, por lo que al poner en marcha el limpiaparabrisas puede romperse la goma e inutilizar la escobilla. Es aconsejable retirar una primera capa con una rasqueta –a la venta en establecimientos especializados y en las secciones dedicadas al automóvil en grandes superficies- y poner en marcha la calefacción del vehículo –mejor con el motor encendido para evitar disminuir la carga de la batería- para que el hielo termine de derretirse.

Es importante asegurarse que los limpiaparabrisas se encuentran en buen estado de conservación, o aprovechar el invierno para sustituirlos si en sus barridos resultan ruidosos o no evacuan correctamente todo el agua del parabrisas.

Las lunas de los coches incorporan de serie un recubrimiento hidrófobo. Se trata de una capa de unos 0,01 milímetros de espesor que evita que el agua llegue a mojar por completo el vidrio. Así se facilita el arrastre de las gotas por el limpiaparabrisas, y evita que las gotas acumuladas distorsionen la visión a través del cristal.

Este tratamiento suele durar, aproximadamente, unos tres años, aunque es posible reaplicarla –existen kits a la venta por unos 18 euros- o aplicar productos basados en aceite de silicona que ofrecen un rendimiento similar.

Si existe cualquier tipo de desperfecto en la luna es importante acudir cuanto antes a un taller especializado para su reparación. Las diferencias de temperatura entre el exterior y el habitáculo, especialmente al accionar la calefacción en ambientes muy fríos, puede contribuir a agrandar las grietas hasta llegar a la rotura completa.

Control de niveles de líquidos y batería

En invierno el líquido anticongelante cuenta con un papel vital para el mantenimiento del motor. Aunque en principio su vida útil se extiende durante toda la del vehículo, en esta estación resulta imprescindible controlar con frecuencia su nivel y, si es necesario, reponer la cantidad necesaria. Es importante rellenar con anticongelante puro, sin diluir, para no reducir la protección frente al frío, pero también las capacidades anticorrosivas que ofrecen sus aditivos.

Existen de varios tipos, distinguibles a simple vista por su color. Los más habituales en los vehículos más modernos, que cuentan con bloques de motor fabricados en aluminio, suelen ser rosa y estar marcados en su etiqueta con las siglas HOAT –Hybrid Organic Acid Technology-. Es importante, en cualquier caso, controlar su nivel con el motor frío, y proteger la mano antes de abrir el tapón, ya que puede salir anticongelante hirviendo.

También resulta importante controlar el nivel de líquido limpiaparabrisas sin adulterar ni reducir con agua. Este líquido no sólo contribuye a mantener limpia las lunas delantera y trasera, sino que contribuye a fundir el hielo o la escarcha que se haya podido acumular en el cristal facilitando la labor de las escobillas. Existen variedades de líquido limpiaparabrisas con propiedades hidrófobas, y otras con resistencia térmica hasta -52º.

Respecto a la batería, el invierno afecta directamente a su duración y rendimiento, por lo que es importante evitar, en la medida de lo posible, aparcar a la intemperie a temperaturas inferiores a 5º.  Conviene, antes de la llegada del invierno, revisar que la batería continúa en un estado óptimo (existen medidores de uso doméstico que comprueban su potencia de forma sencilla y rápida, aunque es aconsejable acudir a un taller especializado en sistemas eléctricos) y reponerla siempre que el resultado de la prueba no resulte positivo. Además, para evitar que los bornes se sulfaten a consecuencia de la temperatura y la humedad, es conveniente aplicar una ligera capa de vaselina neutra.

Aceite para el motor

En invierno no sólo es imprescindible mantener el nivel de aceite dentro de los límites recomendados por el fabricante del automóvil, sino también tener en cuenta su calidad y su viscosidad. Este factor se presenta con dos cifras separadas por un guión –por ejemplo, 15W-40-.

La segunda cifra indica la viscosidad del aceite en caliente, y la adecuada para cada motor la establece el propio fabricante del vehículo. La primera es la encargada de indicar la viscosidad en frío, y es aconsejable que sea lo más baja posible, aunque es necesario tener en cuenta la temperatura a la que va a funcionar el coche.

Así, un aceite con un índice de viscosidad 10W será capaz de proteger el motor hasta los -11º, mientras que un 5W lo hará hasta los -17º. Un 0W elevará la protección hasta los -35º, pero aumentará su sobreprecio hasta el 50%.

Aunque el cambio de aceite es una operación relativamente sencilla que puede llevarse a cabo en el ámbito doméstico –aunque tomando las suficientes precauciones y asegurando que el aceite desechado se traslada a un punto limpio-, es aconsejable que se haga en un taller especializado que asesorará al usuario en el grado de viscosidad y en el tipo de aceite adecuado en función del uso previsto del automóvil.

Estado de las cerraduras y manetas

La desaparición de los bombines de las cerraduras con la generalización de los cierres centralizados ha eliminado prácticamente por completo un problema bastante habitual como era la congelación de las cerraduras. Las puertas actuales son casi estancas, de forma que no entra humedad, ni se condensa en su interior, ni es posible que se forme escarcha en ellas.

Cada vez es mayor, además, el número de piezas de plástico que se incluyen en los mecanismos de cierre –habitualmente poliamida y nailon– que prescinden casi por completo de la grasa lubricante.

A pesar de ello, las manetas de la cerradura –en muchos casos cuentan con remates metálicos- en su exterior pueden haber acumulado hielo o escarcha. Dependiendo de su grosor, es conveniente no accionarlas bruscamente.