Publicado el: 18 noviembre de 2014

Especial Invierno: Con el coche en marcha

Al arrancar
Retirada preventiva
Evitar riesgos

Al arrancar

Incluso al poner en marcha el vehículo es necesario tener en cuenta que el firme bajo él puede estar helado o excesivamente deslizante. Por eso, es imprescindible hacer girar las ruedas con suavidad, recurriendo a marchas más largas de lo habitual, empezando por la segunda. Se debe intentar, en todo caso, evitar que las ruedas patinen, por lo que siempre se debe tratar de salir con cuidado, sin que patine el embrague en exceso.

En muchos modelos con cambio automático existe un botón junto al cambio con un símbolo de estrella de nieve. Presionando este botón o colocando la palanca en la posición de nieve, en algunos modelos todoterreno o SUV la caja de cambios modifica su funcionamiento obligando al coche a funcionar en marchas más largas.

En ningún caso se debe desconectar el ESP, salvo en aquellos casos en los que el coche se ha quedado atascado en la nieve y es necesario balancearlo hacia adelante y atrás, pero una vez desbloqueado se debe conectar de inmediato el control de estabilidad.

Retirada preventiva

Si el conductor circula por una carretera de montaña tan deslizante por la que no puede seguir avanzando, y se encuentra atrapado en una pendiente que no es capaz de superar, es aconsejable iniciar una retirada preventiva.

En estos casos, el control del coche marcha atrás no es sencillo, pero sí efectivo. Se debe insertar la marcha atrás, apagar el motor, soltar el embrague y quitar el freno de mano de modo que sea le propio motor el que frene el vehículo. Sin pisar el embrague se debe accionar brevemente el arranque, de tal forma que el coche comience a retroceder al paso de una persona sin deslizamientos. Para detenerlo se debe frenar con suavidad o comenzará a patinar.

La precaución debe imperar sobre cualquier otro criterio: en situaciones de baja adherencia o si el automóvil ya ha patinado o derrapado, es más que aconsejable detenerse en lugar seguro y colocar las cadenas o retroceder antes de avanzar más por una zona de riesgo o de subir más de un puerto o estación de esquí. Incluso a baja velocidad el riesgo es innecesario.

Evitar riesgos

Prácticamente todos los automóviles modernos alertan al usuario cuando la temperatura exterior desciende de los cuatro grados, momento a partir del cual es posible encontrar hielo en la calzada. Incluso en aquellos casos en los que el coche incorpore neumáticos de invierno es necesario evitar determinados riesgos que pueden resultar imprevisibles.

  • Charcos: Si son lo suficientemente profundos pueden provocar aquaplaning al reducir prácticamente por completo el contacto del neumático con el asfalto. Esto se traduce en una reducción casi total de la efectividad de los frenos y de la dirección, que sólo se soluciona esperando a que el charco termine o la velocidad baje lo suficiente como para que el neumático vuelva a tener contacto con el asfalto. Si hace demasiado frío, los charcos pueden helarse fácilmente y tardar horas en deshelarse, o no llegar a hacerlo por completo si están en sombra. Si el coche que circula delante del usuario deja de levantar una fina cortina de agua al pasar por una zona encharcada el peligro de que los charcos se hayan helado se multiplica exponencialmente.
  • Curvas: Uno de los procesos que produce hielo sobre una carretera nevada es el paso repetido de vehículos. Este proceso es especialmente intenso a la entrada de las curvas, ya que al frenar, el peso del coche se traslada a las ruedas delanteras y eso, a su vez, se traduce en que la nieve se funde en mayor cantidad por presión en la zona de frenado habitual. La acción del frío hace que el agua resultante se hiele y esa zona de frenada multiplique la posibilidad de deslizamiento.
  • Viaductos: En ellos es frecuente que el efecto abrasivo que tienen los cristales microscópicos de hielo que arrastra el viento puedan pulir una capa de nieve hasta provocar que se produzca una capa muy deslizante de hielo.
  • Salidas e incorporaciones a carretera: Resulta muy frecuente tomar una salida en una autopista o una incorporación a ella a una velocidad más alta de lo debido. En estos casos el peligro se multiplica, ya que es posible que ningún vehículo haya utilizado esa salida o incorporación durante horas, por lo que la acumulación de nieve o hielo puede aumentar notablemente los riesgos de deslizamiento.
  • Obstáculos en la vía: Las rachas fuertes de viento pueden hacer que objetos de todo tipo –ramas, basura, etc- acaben en la vía. En estos casos se debe fijar la mirada en el trayecto que se desea tomar para evitar este objeto y no mirarlo directamente. Cualquier maniobra de esquiva debe ser llevado a cabo con suavidad, sin movimientos bruscos, y con frenadas progresivas si son necesarias.